La mugre es uno de mis temas
favoritos. Yo creo que mi carrera filosófica arrancó pensando en la mugre.
Porque tiene mucho para dar, y es como dice la apertura del programa, es algo
que por ahí está más escondido, no se quiere ver, también está la metáfora de
guardar abajo de la alfombra la mugre, ¿no? Y bueno, hoy arrancamos el programa
preguntándonos qué es la mugre... Y yo hago la siguiente distinción, me parecía
pensarlo en tres categorías: la mugre, la basura, y el desperdicio. Quizás haya
alguna otra categoría que no llegué a pensar, ¿no?
Basura claramente es lo menos, es
lo que no sirve, es lo que es una cagada. Existe como insulto: “Sos una basura”.
Pero no es tan común decir sos una mugre, ¿no? “Estás hecho una mugre”, podría
ser, y bueno, volvemos a la diferencia entre ser y estar de Rodolfo Kusch.
Y la mugre, a diferencia de la
basura, que es algo tan absoluto, la mugre para mí es como la versión cotidiana
de la basura. La mugre es como... —al menos yo lo entiendo así— es con lo que
uno convive. Son los platos de ayer, la mugre del piso... En fin, las cosas, la
mugre. “Mugre” entre comillas, porque son cachos de planeta.
Yo le tengo mas cariño a la mugre
que a limpiar, primero que nada. Y a partir de ahí, a partir de mi vagancia
para limpiar, traté de ponerle un marco teórico que lo justifique, que por otra
parte es algo que todos los filósofos hacen en algún punto, desarrollar una
filosofía para hacer lo que quieren.
Y el desperdicio, claramente, esa
tercera otra categoría, sería —a mi entender, o lo quiero llamar así— todo
aquello que, pudiendo ser aprovechado, no se aprovecha, teniendo el potencial
de no ser basura, sea porque se puede comer y en cambio se pudrió, sea porque
se puede reciclar y en cambio fue a parar al río de Quilmes.
Y después por otro lado, esto que
decía Kusch, que uno piensa desde un lugar y ese lugar te condiciona el
pensamiento. En tal sentido, hay un punto en el que uno distingue la basura, el
desperdicio y la mugre de una manera muy personal, es bastante subjetivo qué es
lo que es basura, y qué es lo que no es basura. Me acuerdo de cuando yo era una
joven muchacha en la vida, en la vida familiar, conviviendo con mi núcleo
materno... Además, cómo los condicionamientos sociales, en esta sociedad, en seguida,
si hablamos de limpiar, de mugre, nos remiten a nuestra madre, a nuestra figura
materna. Bueno, la cuestión es que mi vieja desarrollaba una actividad que, a
mi parecer, era muy mugrienta, pero no en el sentido lindo de la palabra: Yo no
sé de que estará compuesta la cera para depilarse, pero no me imagino que haga
muy bien respirar eso. Mi vieja tenía la puta costumbre de, en una hornalla,
estar preparando la comida, y en la otra hornalla, estar aflojando la cera; se
juntaba todo en el vaho de la cocina. Y el gusto de la comida por ahí era lo de
menos, por ahí nos estábamos envenenando todos juntos. Lazlo Baza, experto en
artículos de perfumería, acota que ahora las ceras de depilar vienen
especialmente indicadas para ser calentadas en el microondas, entonces, en ese
receptáculo cuadradito, tan compacto, donde los aromas pueden compartirse, uno
puede calentar la cera para depilarse y le queda el sabor a la sopa que se va a
calentar al rato, y a todo lo que venga después, y todo porque la vida moderna exige
que todo sea más práctico.
Y bueno, había largas discusiones
por eso, porque para mí era basura mezclar esa cosa con la comida. Y otra
actividad, en relación a la comida también, que mi madre desarrollaba era... No
sé cómo serán las preferencias de ustedes. Para pensar las cosas a veces sirve
llevarlas a los extremos. ¿Qué preferís? ¿Comer con el plato sucio con la mugre
de ayer, o con el plato embadurnado de detergente? Gaby Klier agrega que la
lavandina es altamente cancerígena, están todos los radicales libres de la
lavandina, es como mandarte rayos x en el piso y en toda tu casa y después
tocarte con rayos x, tenemos una idea de limpieza que es dañina, absurda, y que
tiene que ver, quizá, con el vivir todo controladamente.
Es una cuestión que termina
siendo epistemológica, tiene que ver con lo que uno quiere creer, y en qué
fuentes quiere creer. Mi madre, al utilizar desesperadamente el detergente
segundos antes de usar el plato para comer, está poniendo una fe en lo que le
dice la propaganda del detergente. Por ejemplo, ahora hay una propaganda de Lysoform que te muestra que también le podés tirar Lysoform al picaporte de la puerta. ¿Por qué? Porque
lo tocan personas. Al picaporte de la puerta lo tocan personas. Y las personas
son una mugre. Las personas contagian enfermedades. Y esto tiene que ver con
todo este gran sistema de aislamiento progresivo que nos va a dejar
completamente solos e inmunizados. Y entonces, está esta cuestión de que uno
prefiere detergente o las bacterias, que en última instancia las bacterias
serían vida, no sé por qué no nos ponemos ecológicos con las bacterias. Ponéle
que el medio ambiente lo hacés mierda: te jodés vos, ¿no?; pero la ecología con
las bacterias no tiene absolutamente nada que ver. Y, en ese sentido, a mí me parece
que también hay una cuestión que tiene que ver con la inmunidad. Con la fe en
determinados tipos de inmunidad. Una vez charlando con un Doctor, Doctor en
Medicina, me decía que sí, que sí existe la hipocondría, y que un hipocondríaco
se puede creer la enfermedad al punto de generarse esa enfermedad. Y yo le
decía: “Bueno, pero entonces también debe haber inmunidad psicológica”. “No, no
no”. Pero sí, sí, sí. Porque es de la mente también, porque si vos estás
abierto a la posibilidad de enfermarte, más probablemente vas a pescarte algo.
Y entonces, escribí un texto que solía leer, que se llama “Asepsia regulada”, y
como subtítulo: “Ecología versus Higiene”, y que trataba de todo esto, del
detergente, de la bacteria, que la ballena sí pero la bacteria no, y terminaba
citando a Nietzsche que decía que para que la soga no se corte, primero hay que
morderla. Y ahí le pegaba una buena lamida al piso. Para inmunizarme.