Fotograma de la película El Imperio contraataca.
Voy a hablar de la destrucción de
la posibilidad de la creación colectiva del universo. Me voy a ir al carajo.
Bueno, diera toda la impresión de
que habría un universo, y que ese universo sería compartido, ¿no? Lo estaríamos
compartiendo acá, parece que estamos juntos. Habría un micrófono, que no sería
sinónimo del universo, pero lo estaríamos compartiendo. Y cada uno tiene
posibilidad de ejercer... actos, ponéle. Y está en la voluntad de cada uno.
Sería el universo coercionable por un montón de voluntades que confluyen, que
confluyen en la materia, básicamente. Entonces, hablando de destrucción y toda
esa cosa, el programa hoy trata de destrucción, y qué sé yo: el Apocalipsis. El Apocalipsis es como paradigma de la destrucción, si bien no es el
único, según cuántos dioses tengas, porque si tenés muchos dioses, te pueden
destruir de distintas maneras. En realidad el Apocalipsis es un libro.
Se comunica un oyente y nos dice
al respecto: “El relato apocalíptico arranca con una advertencia: ‘Tengan
cuidado, estén alerta porque los van a querer engañar’. Luego aparecen las
características más típicas del género: guerras, catástrofes... Es una crisis
porque está por nacer un mundo nuevo. Por eso el Apocalipsis no es un relato de la muerte: la destrucción es el
estado en el que se está viviendo. Pero el hincapié se hace en lo nuevo, en lo
que viene.”
El oyente hace referencia a “características
del género”. El género: profecía. O sea, así como el Antiguo Testamento... Esto es como La guerra de las galaxias: Episodio
I, Episodio II, Episodio III... No sabemos si hay
precuela, o si La Biblia es la precuela.
El Episodio II termina con el Apocalipsis, y el Episodio I termina con... Los episodios terminan con profecías,
básicamente.
Pero vamos al Apocalipsis, porque si no nos vamos a ir
a la mierda, vamos a estar hablando 2000 años de cualquier boludez. El tipo,
este Don Juan, cuando... Porque, ¿qué es la Biblia ?
Hay que decirlo, ¿no?, para entender lo que el tipo está destruyendo cuando
pone el punto final. El tipo cuando nos dice sí, caerán las montañas, no sé
qué, y aparece una espada, un pescado, hay imágenes re-peposas y qué sé yo...
Le daban a la pepa, eso de que ay, la ostia, te la ponés en la lengua y no la
tragás... ¡Vamos! Es muy curioso: ponerse un cosito re-finito en la boca y
tenerlo así quietito... ¡Se estaban empepando! Después, bueno, todo se
desplaza: Antes se bautizaban en el río, ahora te tiran agüita; antes se
empepaban, ahora te dan un cacho de Mantecol, una feta de Mantecol, qué sé
yo... El mundo se pone cada vez más metafórico, en el sentido de que después a
la comidita del astronauta le vamos a decir comida en el futuro.
Cuestión que el tipo, cuando
termina el Apocalipsis, cuando dice
sí, van a ver, va a pasar esto, lo otro, se cae todo a pedazos, se va todo a la
puta que lo parió, así como para tener miedo en el futuro, como cuando viene el
meteorito y esas cosas. El tipo cierra su libro, un libro que se llama Biblia, que significa “libros”, y no
“los libros” como se cree. O sea, Biblia
es un título en Latín, y es plural, es “libros”, pero no tiene artículo, no es
“los libros”, el artículo lo agregó la ignorancia clerical del Latín, porque la
a final en este caso no es
terminación de femenino, sino de sustantivo neutro plural. “Los libros” te
diría: hay estos libros y no hay más nada. Hay libros, son libros, uno lo
escribió Fulanito, otro lo escribió Menganito, después vino un editor y dijo:
“Bueno, estos son apócrifos, esto no es la palabra de Dios”, distinguió: a éste
le habló Dios, a éste no le habló Dios; al que le habló Dios lo editamos, lo
ponemos en la compilación. Después vino la imprenta y multiplicó esta cuestión
al infinito.
Ahora, el tipo, este Juan, cuando
termina el Apocalipsis dice... Es memorable, porque la Biblia
la escribieron, además de Fulanito y Menganito, Daniel, Pedro, Juan, Simón,
Mateo, Marcos... Un montón que andaban por ahí y se les cruzó Dios y les dijo
que escriban... Y el tipo termina diciendo —mirá qué caradura— en el Episodio II... Porque el Episodio I... ¿qué era? Los libros del
primer testamento eran libros de leyes, libros de Historia, y libros de
anécdotas, qué sé yo, alguna enseñanza, la boludez. Los libros de Historia eran
para justificar la posesión de la tierra: Mirá, Dios me dio la escritura que
dice que acá es mío. ¡Uy, está lleno de gente! Bueno, pero mirá: tengo la
escritura. Una cosa así (similar es la utilización del mito de Eneas, como
sobreviviente de Troya y fundador del linaje romano, escrito a pedido del
Emperador para justificar la invasión a Grecia, pero ése es el Episodio V). Después los libros de leyes
son los que viene a modificar el Nuevo
Testamento (es una nueva Constitución, una reforma constitucional, no sólo
de los 10 mandamientos, porque hay más leyes que los 10 mandamientos, el
Deuteronomio te dice que tenés que cagar a piedrazos a los borrachos, y muchas
cosas más, buen libro, es muy divertido)...
Entonces, venía bastante
colectiva la cuestión. Pero el tipo, este San Juan... Don Juan... cierra la Biblia
con el Apocalipsis, y la última
oración es... ¡Luego de haberle agregado una segunda parte, luego de haberle
agregado una secuela a la primera parte el caradura tira una maldición sobre el
que quite o agregue algo a este libro! ¡Es la precuela de Clarín! Clarín es el 874 capítulo
de esto. Una cosa que más o menos venían escribiendo entre todos... Bueno, un
editor aparece en un momento... ¡Él fue el editor! Y destruyendo la
colectividad del discurso se aseguró la última palabra.
