Mostrando entradas con la etiqueta PONÉLE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PONÉLE. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de marzo de 2016

"Ponéle: La mugre" por Dani Liñares (27/8/15)

La mugre es uno de mis temas favoritos. Yo creo que mi carrera filosófica arrancó pensando en la mugre. Porque tiene mucho para dar, y es como dice la apertura del programa, es algo que por ahí está más escondido, no se quiere ver, también está la metáfora de guardar abajo de la alfombra la mugre, ¿no? Y bueno, hoy arrancamos el programa preguntándonos qué es la mugre... Y yo hago la siguiente distinción, me parecía pensarlo en tres categorías: la mugre, la basura, y el desperdicio. Quizás haya alguna otra categoría que no llegué a pensar, ¿no?
Basura claramente es lo menos, es lo que no sirve, es lo que es una cagada. Existe como insulto: “Sos una basura”. Pero no es tan común decir sos una mugre, ¿no? “Estás hecho una mugre”, podría ser, y bueno, volvemos a la diferencia entre ser y estar de Rodolfo Kusch.
Y la mugre, a diferencia de la basura, que es algo tan absoluto, la mugre para mí es como la versión cotidiana de la basura. La mugre es como... —al menos yo lo entiendo así— es con lo que uno convive. Son los platos de ayer, la mugre del piso... En fin, las cosas, la mugre. “Mugre” entre comillas, porque son cachos de planeta.
Yo le tengo mas cariño a la mugre que a limpiar, primero que nada. Y a partir de ahí, a partir de mi vagancia para limpiar, traté de ponerle un marco teórico que lo justifique, que por otra parte es algo que todos los filósofos hacen en algún punto, desarrollar una filosofía para hacer lo que quieren.
Y el desperdicio, claramente, esa tercera otra categoría, sería —a mi entender, o lo quiero llamar así— todo aquello que, pudiendo ser aprovechado, no se aprovecha, teniendo el potencial de no ser basura, sea porque se puede comer y en cambio se pudrió, sea porque se puede reciclar y en cambio fue a parar al río de Quilmes.
Y después por otro lado, esto que decía Kusch, que uno piensa desde un lugar y ese lugar te condiciona el pensamiento. En tal sentido, hay un punto en el que uno distingue la basura, el desperdicio y la mugre de una manera muy personal, es bastante subjetivo qué es lo que es basura, y qué es lo que no es basura. Me acuerdo de cuando yo era una joven muchacha en la vida, en la vida familiar, conviviendo con mi núcleo materno... Además, cómo los condicionamientos sociales, en esta sociedad, en seguida, si hablamos de limpiar, de mugre, nos remiten a nuestra madre, a nuestra figura materna. Bueno, la cuestión es que mi vieja desarrollaba una actividad que, a mi parecer, era muy mugrienta, pero no en el sentido lindo de la palabra: Yo no sé de que estará compuesta la cera para depilarse, pero no me imagino que haga muy bien respirar eso. Mi vieja tenía la puta costumbre de, en una hornalla, estar preparando la comida, y en la otra hornalla, estar aflojando la cera; se juntaba todo en el vaho de la cocina. Y el gusto de la comida por ahí era lo de menos, por ahí nos estábamos envenenando todos juntos. Lazlo Baza, experto en artículos de perfumería, acota que ahora las ceras de depilar vienen especialmente indicadas para ser calentadas en el microondas, entonces, en ese receptáculo cuadradito, tan compacto, donde los aromas pueden compartirse, uno puede calentar la cera para depilarse y le queda el sabor a la sopa que se va a calentar al rato, y a todo lo que venga después, y todo porque la vida moderna exige que todo sea más práctico.
Y bueno, había largas discusiones por eso, porque para mí era basura mezclar esa cosa con la comida. Y otra actividad, en relación a la comida también, que mi madre desarrollaba era... No sé cómo serán las preferencias de ustedes. Para pensar las cosas a veces sirve llevarlas a los extremos. ¿Qué preferís? ¿Comer con el plato sucio con la mugre de ayer, o con el plato embadurnado de detergente? Gaby Klier agrega que la lavandina es altamente cancerígena, están todos los radicales libres de la lavandina, es como mandarte rayos x en el piso y en toda tu casa y después tocarte con rayos x, tenemos una idea de limpieza que es dañina, absurda, y que tiene que ver, quizá, con el vivir todo controladamente.
Es una cuestión que termina siendo epistemológica, tiene que ver con lo que uno quiere creer, y en qué fuentes quiere creer. Mi madre, al utilizar desesperadamente el detergente segundos antes de usar el plato para comer, está poniendo una fe en lo que le dice la propaganda del detergente. Por ejemplo, ahora hay una propaganda de Lysoform que te muestra que también le podés tirar Lysoform al picaporte de la puerta. ¿Por qué? Porque lo tocan personas. Al picaporte de la puerta lo tocan personas. Y las personas son una mugre. Las personas contagian enfermedades. Y esto tiene que ver con todo este gran sistema de aislamiento progresivo que nos va a dejar completamente solos e inmunizados. Y entonces, está esta cuestión de que uno prefiere detergente o las bacterias, que en última instancia las bacterias serían vida, no sé por qué no nos ponemos ecológicos con las bacterias. Ponéle que el medio ambiente lo hacés mierda: te jodés vos, ¿no?; pero la ecología con las bacterias no tiene absolutamente nada que ver. Y, en ese sentido, a mí me parece que también hay una cuestión que tiene que ver con la inmunidad. Con la fe en determinados tipos de inmunidad. Una vez charlando con un Doctor, Doctor en Medicina, me decía que sí, que sí existe la hipocondría, y que un hipocondríaco se puede creer la enfermedad al punto de generarse esa enfermedad. Y yo le decía: “Bueno, pero entonces también debe haber inmunidad psicológica”. “No, no no”. Pero sí, sí, sí. Porque es de la mente también, porque si vos estás abierto a la posibilidad de enfermarte, más probablemente vas a pescarte algo. Y entonces, escribí un texto que solía leer, que se llama “Asepsia regulada”, y como subtítulo: “Ecología versus Higiene”, y que trataba de todo esto, del detergente, de la bacteria, que la ballena sí pero la bacteria no, y terminaba citando a Nietzsche que decía que para que la soga no se corte, primero hay que morderla. Y ahí le pegaba una buena lamida al piso. Para inmunizarme.

domingo, 17 de enero de 2016

"Ponéle: Destrucción" por Dani Liñares (28/12/2015)

 
Fotograma de la película El Imperio contraataca.

Voy a hablar de la destrucción de la posibilidad de la creación colectiva del universo. Me voy a ir al carajo.
Bueno, diera toda la impresión de que habría un universo, y que ese universo sería compartido, ¿no? Lo estaríamos compartiendo acá, parece que estamos juntos. Habría un micrófono, que no sería sinónimo del universo, pero lo estaríamos compartiendo. Y cada uno tiene posibilidad de ejercer... actos, ponéle. Y está en la voluntad de cada uno. Sería el universo coercionable por un montón de voluntades que confluyen, que confluyen en la materia, básicamente. Entonces, hablando de destrucción y toda esa cosa, el programa hoy trata de destrucción, y qué sé yo: el Apocalipsis. El Apocalipsis es como paradigma de la destrucción, si bien no es el único, según cuántos dioses tengas, porque si tenés muchos dioses, te pueden destruir de distintas maneras. En realidad el Apocalipsis es un libro.
Se comunica un oyente y nos dice al respecto: “El relato apocalíptico arranca con una advertencia: ‘Tengan cuidado, estén alerta porque los van a querer engañar’. Luego aparecen las características más típicas del género: guerras, catástrofes... Es una crisis porque está por nacer un mundo nuevo. Por eso el Apocalipsis no es un relato de la muerte: la destrucción es el estado en el que se está viviendo. Pero el hincapié se hace en lo nuevo, en lo que viene.”
El oyente hace referencia a “características del género”. El género: profecía. O sea, así como el Antiguo Testamento... Esto es como La guerra de las galaxias: Episodio I, Episodio II, Episodio III... No sabemos si hay precuela, o si La Biblia es la precuela. El Episodio II termina con el Apocalipsis, y el Episodio I termina con... Los episodios terminan con profecías, básicamente.
Pero vamos al Apocalipsis, porque si no nos vamos a ir a la mierda, vamos a estar hablando 2000 años de cualquier boludez. El tipo, este Don Juan, cuando... Porque, ¿qué es la Biblia? Hay que decirlo, ¿no?, para entender lo que el tipo está destruyendo cuando pone el punto final. El tipo cuando nos dice sí, caerán las montañas, no sé qué, y aparece una espada, un pescado, hay imágenes re-peposas y qué sé yo... Le daban a la pepa, eso de que ay, la ostia, te la ponés en la lengua y no la tragás... ¡Vamos! Es muy curioso: ponerse un cosito re-finito en la boca y tenerlo así quietito... ¡Se estaban empepando! Después, bueno, todo se desplaza: Antes se bautizaban en el río, ahora te tiran agüita; antes se empepaban, ahora te dan un cacho de Mantecol, una feta de Mantecol, qué sé yo... El mundo se pone cada vez más metafórico, en el sentido de que después a la comidita del astronauta le vamos a decir comida en el futuro.
Cuestión que el tipo, cuando termina el Apocalipsis, cuando dice sí, van a ver, va a pasar esto, lo otro, se cae todo a pedazos, se va todo a la puta que lo parió, así como para tener miedo en el futuro, como cuando viene el meteorito y esas cosas. El tipo cierra su libro, un libro que se llama Biblia, que significa “libros”, y no “los libros” como se cree. O sea, Biblia es un título en Latín, y es plural, es “libros”, pero no tiene artículo, no es “los libros”, el artículo lo agregó la ignorancia clerical del Latín, porque la a final en este caso no es terminación de femenino, sino de sustantivo neutro plural. “Los libros” te diría: hay estos libros y no hay más nada. Hay libros, son libros, uno lo escribió Fulanito, otro lo escribió Menganito, después vino un editor y dijo: “Bueno, estos son apócrifos, esto no es la palabra de Dios”, distinguió: a éste le habló Dios, a éste no le habló Dios; al que le habló Dios lo editamos, lo ponemos en la compilación. Después vino la imprenta y multiplicó esta cuestión al infinito.
Ahora, el tipo, este Juan, cuando termina el Apocalipsis dice... Es memorable, porque la Biblia la escribieron, además de Fulanito y Menganito, Daniel, Pedro, Juan, Simón, Mateo, Marcos... Un montón que andaban por ahí y se les cruzó Dios y les dijo que escriban... Y el tipo termina diciendo —mirá qué caradura— en el Episodio II... Porque el Episodio I... ¿qué era? Los libros del primer testamento eran libros de leyes, libros de Historia, y libros de anécdotas, qué sé yo, alguna enseñanza, la boludez. Los libros de Historia eran para justificar la posesión de la tierra: Mirá, Dios me dio la escritura que dice que acá es mío. ¡Uy, está lleno de gente! Bueno, pero mirá: tengo la escritura. Una cosa así (similar es la utilización del mito de Eneas, como sobreviviente de Troya y fundador del linaje romano, escrito a pedido del Emperador para justificar la invasión a Grecia, pero ése es el Episodio V). Después los libros de leyes son los que viene a modificar el Nuevo Testamento (es una nueva Constitución, una reforma constitucional, no sólo de los 10 mandamientos, porque hay más leyes que los 10 mandamientos, el Deuteronomio te dice que tenés que cagar a piedrazos a los borrachos, y muchas cosas más, buen libro, es muy divertido)...
Entonces, venía bastante colectiva la cuestión. Pero el tipo, este San Juan... Don Juan... cierra la Biblia con el Apocalipsis, y la última oración es... ¡Luego de haberle agregado una segunda parte, luego de haberle agregado una secuela a la primera parte el caradura tira una maldición sobre el que quite o agregue algo a este libro! ¡Es la precuela de Clarín! Clarín es el 874 capítulo de esto. Una cosa que más o menos venían escribiendo entre todos... Bueno, un editor aparece en un momento... ¡Él fue el editor! Y destruyendo la colectividad del discurso se aseguró la última palabra.